Una interpretación común de la expresión Hijo de Dios es que se refiere a la deidad de Cristo. Esta idea está muy extendida, especialmente entre los laicos. Sin embargo, entre los eruditos del Nuevo Testamento, esta no es una postura habitual respecto a la expresión Hijo de Dios, ni en los Evangelios sinópticos ni en el Evangelio de Juan.
La mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento entienden la expresión Hijo de Dios como un título mesiánico.
Aunque no suelo estar de acuerdo con la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento, en este caso sí lo estoy. Las evidencias respaldan lo que dicen acerca del título Hijo de Dios. Hay abundantes evidencias que demuestran este punto.
En primer lugar, consideremos la promesa acerca de la descendencia de David en 2 Samuel 7:14-16:
Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.
Salomón, hijo de David, era hijo de Dios. También Roboam, hijo de Salomón, lo era. Cada rey davídico era hijo de Dios. Por supuesto, el Hijo de Dios definitivo sería el gran Hijo de David, el Mesías. Su trono sería establecido para siempre.
En segundo lugar, veamos Salmos 2:7, un salmo real de entronización. Cada vez que un rey davídico era coronado, se recitaban las palabras: “Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy” (Salmos 2:7; Hechos 13:33; Hebreos 1:5; 5:5).
En tercer lugar, examinemos las palabras de Natanael en Juan 1:49: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”. Él entendía que la expresión el Hijo de Dios se refería al Mesías Rey. Sabemos que, antes de la resurrección de Jesús, nadie creía que Jesús fuera Dios hecho carne. No fue hasta Juan 20:28 cuando Tomás llamó al Señor resucitado “Dios mío”. Cuando Jesús calmó la tormenta, ellos no podían comprender por qué el viento y el mar le obedecían.
Blum comenta: “Esto no significa que Natanael, en una fecha tan temprana, comprendiera plenamente la Trinidad o la Encarnación. Más bien, entendía que Jesús era el Hijo de Dios en el sentido mesiánico (cf. Salmos 2:6-7)” (“John” en BKC, p. 276).
Carson está de acuerdo: “Claramente, Natanael estaba reconociendo a Jesús como el Mesías, el Prometido de quien habían dado testimonio las antiguas Escrituras” (John, p. 161).
En cuarto lugar, comparemos lo que el Señor Jesús dijo en Juan 11:25-26 con lo que Marta dijo en Juan 11:27. Jesús dijo que garantizaba la glorificación y la vida irrevocable a todos los que creen en Él. Luego preguntó: “¿Crees esto?”. Marta no se limitó a repetir lo que Jesús había dicho. En cambio, explicó por qué lo creía: “tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. El Mesías garantiza la glorificación y la vida irrevocable a todos los que creen en Él.
Newman y Nida comentan: “En cuanto a Jesús como el Hijo de Dios, véase 1:49” (John, p. 368). Con respecto a Hijo de Dios en Juan 1:49, afirman:
Rey de Israel se utiliza claramente como un título mesiánico. En 2 Samuel 7:14 y Salmos 2:7, Dios se dirige al rey mesiánico como “mi hijo”. Puesto que ambos términos son igualmente títulos mesiánicos, no hay ningún anticlímax en el presente pasaje al colocar Rey de Israel después de Hijo de Dios. El orden es perfectamente lógico y refleja una secuencia temporal definida, porque solo cuando Jesús es designado Hijo de Dios puede llegar a ser el Rey de Israel en este sentido mesiánico (John, p. 50).
En quinto lugar, observemos que Juan 1:1 no llama a Jesús el Hijo de Dios, sino Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Lo mismo sucede en Juan 20:28. Cuando la Escritura quiere referirse a la deidad de Jesús, lo llama Dios.
¿Por qué importa esto?
¡Eso cambia el mensaje de salvación!
Hace poco oí a alguien decir que Juan 20:31 significa que uno debe creer en la deidad de Cristo para nacer de nuevo. Si fuera así, ¿cómo podrían los discípulos haber nacido de nuevo antes de creer en la deidad de Cristo? ¿Y por qué Jesús no decía a la gente que Él era Dios cuando evangelizaba?
Según Juan 20:31, para tener vida eterna debemos creer que Jesús es “el Cristo, el Hijo de Dios”. Esta expresión se explica en Juan 11:25-27. Creer en Jesús para vida eterna es creer que Él garantiza la glorificación (Juan 11:25) y la vida irrevocable (Juan 11:26) a todos los que simplemente creen en Él.
La expresión Hijo de Dios es un título mesiánico. También lo es la expresión Hijo del Hombre, pero ese es un tema para otra entrada.
Mantén el enfoque en la gracia y seguirás regocijándote de que Jesús es el Hijo de Dios que pronto regresará para establecer Su reino justo.
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Bob Wilkin es el Director Ejecutivo de Grace Evangelical Society (Sociedad Evangélica de la Gracia). Vive en Highland Village, TX, con su esposa de 43 años, Sharon. Sus libros más recientes son Faith Alone in One Hundred Verses [Sola Fe en Cien Versículos] y Turn and Live: The Power of Repentance [Tornar y Vivir: El Poder del Arrepentimiento]






