En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero (1 Juan 4:17-19).
Muchos comentaristas no entienden correctamente lo que dice Juan.
Una gran parte de ellos —si no la mayoría— cree que solo habrá un juicio escatológico, es decir, un juicio de todas las personas después de que termine esta vida.
A este único juicio lo llaman juicio final. Véase, por ejemplo, un sermón de 1985 del Dr. John Piper sobre este pasaje en desiringGod.org. (Véase aquí). Él afirma que “el día del juicio” se refiere al juicio final, momento en el cual descubriremos si nuestro destino es el reino o el infierno.
La mayoría piensa que Jesús evaluará nuestras obras y que, si son lo suficientemente buenas, se nos permitirá entrar en su reino. De no ser así, seremos enviados al lago de fuego.
En Juan 5:24, el Señor Jesús prometió acerca del que cree en Él que “no vendrá a condenación”. (N. del T.: La NKJV, versión utilizada por el autor, traduce aquí “no vendrá a juicio”). Sin embargo, Juan habla del “día del juicio” del creyente. Entonces, ¿cómo explicamos esta aparente discrepancia?
Juan 5:24 habla exclusivamente de la vida eterna. El creyente “tiene vida eterna” y “ha pasado de muerte a vida”. La afirmación central de que el creyente “no vendrá a condenación” se refiere al juicio relacionado con la vida eterna. Los creyentes no compareceremos a un juicio destinado a determinar nuestro destino eterno.
El destino eterno de cada creyente queda fijado en el momento en que cree. Véanse Juan 3:16 y Juan 5:24.
Aunque la mayoría de los comentaristas piensa que el tribunal de Cristo es otro nombre para el juicio del gran trono blanco, se equivoca. El tribunal de Cristo tiene lugar antes del Milenio y es exclusivamente para los creyentes (Lucas 19:16-26; 2 Corintios 5:9-10). El juicio del gran trono blanco tiene lugar después del Milenio y es para los incrédulos (Lucas 19:27; Apocalipsis 20:11-15). En el juicio del gran trono blanco, quienes no se encuentren inscritos en el Libro de la Vida serán lanzados al lago de fuego (Apocalipsis 20:15). Incluso en el juicio del gran trono blanco, nadie será condenado por sus obras. La cuestión será que no creyó en Jesucristo durante esta vida.
El día del juicio del creyente se refiere al tribunal de Cristo, el Bema. Compárese con 1 Juan 2:28, donde Juan emplea el mismo lenguaje relativo a la confianza con referencia a su venida. Cuando Jesús regrese después de la Tribulación, juzgará a todos los creyentes de la era de la Iglesia para determinar sus recompensas eternas.
La expresión amor perfecto resulta un poco engañosa. Amor maduro sería una traducción mejor. Todos fallamos una y otra vez a la hora de amar a los demás. Pero cuanto más amor mostremos hacia los demás creyentes, más confianza tendremos al pensar en el Arrebatamiento y el Bema.
Estos son algunos pasajes que quizás quieras estudiar para comprender mejor el Bema:
- 1 Juan 2:28.
- Mateo 6:19-21.
- Lucas 19:16-26, la parábola de las minas.
- 1 Corintios 3:10-15.
- 2 Corintios 5:9-10.
- 2 Timoteo 4:6-8.
Mantén el enfoque en la gracia y seguirás teniendo la certeza de que estás eternamente seguro y conservarás una gran motivación para amar a los hijos de Dios.
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Bob Wilkin es el Director Ejecutivo de Grace Evangelical Society (Sociedad Evangélica de la Gracia). Vive en Highland Village, TX, con su esposa de 43 años, Sharon. Sus libros más recientes son Faith Alone in One Hundred Verses [Sola Fe en Cien Versículos] y Turn and Live: The Power of Repentance [Tornar y Vivir: El Poder del Arrepentimiento]






