El dilema del calvinista

Hace poco asistí a una clase de escuela dominical en la que el maestro mencionó Romanos 7:14-25. En este pasaje, el apóstol Pablo describe una etapa de su vida en la que luchaba con el pecado. El maestro señaló acertadamente que este pasaje ha suscitado un considerable debate teológico. Pablo afirma que quiere hacer lo correcto, pero repetidamente hace lo contrario. La pregunta que surge de esta descripción es si Pablo está describiendo su vida antes o después de su conversión.

El maestro de la escuela dominical sostenía que este pasaje describe la condición de Pablo antes de su conversión. Muchos teólogos sostienen esta postura. Uno de ellos escribe:

“Voy a defender por qué creo que Pablo está hablando de su experiencia antes de ser cristiano. También es importante observar que Pablo describe retrospectivamente su vida precristiana. En otras palabras, cuando Pablo, ya como cristiano, mira hacia atrás a su vida antes de Cristo, reconoce que no era creyente” (Thomas R. Schreiner, The Gospel Coalition, p. 183).

Schreiner sostiene que el relato de Pablo en Romanos 7 —en el que describe fracasos repetidos, esclavitud al pecado e incapacidad para obedecer— es incompatible con la vida regenerada. Un cristiano experimentará libertad y victoria sobre el pecado. Quienes aceptan esta postura dicen que un verdadero creyente no puede estar esclavizado al pecado, la condición que Pablo describe en Romanos 7. Esta posición se deriva de la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos, según la cual una persona “verdaderamente” nacida de nuevo perseverará en las buenas obras. Según este planteamiento, el creyente “genuino” finalmente vencerá el pecado.

Unas semanas después de asistir a aquella clase de escuela dominical, estaba escuchando a un predicador calvinista que participaba en una sesión de preguntas y respuestas. Le hicieron una pregunta acerca de las dudas sobre la salvación. Este tipo de preguntas es habitual en los círculos calvinistas. Pone de relieve la profunda falta de seguridad que este sistema teológico ofrece a sus seguidores.

El intercambio que siguió puso de manifiesto esa falta de seguridad. Una joven le preguntó al pastor cómo podía saber que era salva. Describió sus continuas luchas con el pecado. Sentía que siempre le estaba fallando al Señor y, aunque creía en Él, no sabía si era salva debido a esas luchas. Aunque quería hacer lo correcto, una y otra vez no lograba hacerlo. Sentía convicción de pecado y se lamentaba por ello, pero no podía vencerlo.

En su pregunta se podían oír las palabras de Pablo en Romanos 7.

El pastor respondió diciendo que el mismo hecho de que estuviera preocupada por su pecado y dudara de su salvación demostraba que, de hecho, era eternamente salva. Por desgracia, al pastor no se le podía demandar por mala praxis teológica.

Su respuesta se basaba en la doctrina calvinista de la depravación total, que enseña que los incrédulos son completamente incapaces de sentir un verdadero pesar por el pecado porque están “espiritualmente muertos”. El calvinista concluye que los incrédulos no pueden experimentar pesar ni convicción de pecado de ninguna manera significativa. Por lo tanto, si alguien siente pesar por su pecado, esto debe ser una evidencia de salvación. Para muchos, esta parece ser una respuesta eficaz frente a las dudas. Sin embargo, cuando se coloca esta lógica junto a la interpretación de Romanos 7 como una experiencia anterior a la conversión, se desmorona.

El calvinista se encuentra ante un dilema:

  • Si Pablo está describiendo su vida como creyente en Romanos 7, entonces un creyente puede estar esclavizado al pecado, lo cual socava la perseverancia de los santos.

O bien:

  • Si Pablo está describiendo su vida antes de la conversión, entonces la depravación total es falsa, porque un Pablo no regenerado claramente siente convicción por el pecado, desea hacer lo correcto y quiere obedecer a Dios.

¿Qué punto del calvinismo es incorrecto: la depravación total o la perseverancia de los santos?

¿Cuál de los dos? ¿Nuestras luchas con el pecado demuestran que no somos regenerados, o son evidencia de nuestra salvación? El calvinismo no ofrece ninguna solución.

La doctrina de la gracia ofrece la solución. Pablo está describiendo su experiencia como nuevo creyente. Intentó vivir la vida cristiana con sus propias fuerzas, centrándose en la Ley. Como creyente, aprendió que su carne no podía producir una vida justa. Un creyente puede vivir según la carne y fracasar. Puede fracasar estrepitosamente. Romanos 7 no es un pasaje al que nadie debería acudir para determinar si es “verdaderamente” salvo.

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Ken Yates (Maestría en Teología, Doctorado, Seminario Teológico de Dallas) es editor de Journal of the Grace Evangelical Society. Es orador internacional y de la costa este estadounidense de GES. Su libro más reciente es Hebrews: Partners With Christ [Hebreos: Copartícipes de Cristo].

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