He oído decir que existe una tendencia creciente entre los protestantes a convertirse al catolicismo. Se han propuesto muchas explicaciones para dar cuenta de este fenómeno. Una de ellas es la devoción a María o, en la práctica, su adoración. Por diversas razones, la gente encuentra en María un considerable consuelo antibíblico. Aunque los católicos niegan que adoren a María, admiten que merece una veneración especial. Parte de esta veneración procede de su creencia de que María nació sin pecado (la “Inmaculada Concepción”) y permaneció sin pecado.
Uno de los argumentos que presentan para defender esta postura se deriva de Lucas 1:28, donde Gabriel se aparece a María y la llama “muy favorecida”. El término empleado es el participio perfecto pasivo de un verbo (“conceder gracia”). El argumento gramatical de los católicos es que el tiempo perfecto indica una acción completada cuyos resultados perduran. En otras palabras, si a María se le concedió gracia, entonces esa gracia se considera un estado permanente. Perdura.
Por supuesto, una persona puede ser favorecida por diversas razones. Puede experimentar la gracia de Dios de distintas maneras. Pero los católicos interpretan aquí esa gracia como ausencia de pecado. Yo he experimentado la gracia de Dios durante toda mi vida, pero créeme: no estoy libre de pecado.
Debido al tiempo verbal del participio, los católicos también sostienen que María no solo estaba libre de pecado cuando nació el Señor, sino que permaneció sin pecado durante el resto de su vida. El tiempo perfecto denota una acción que continúa.
Sin embargo, el versículo nunca afirma que María estuviera libre de pecado, ni ningún otro pasaje de las Escrituras afirma tal cosa. No lo estaba (compárese con Romanos 3:23). En resumen, esta interpretación no se deriva de la exégesis del pasaje mismo, sino de una inferencia extraída, en parte, de la gramática. Se está haciendo recaer sobre la gramática un enorme peso teológico. De hecho, toda la doctrina de la Inmaculada Concepción tiene sus raíces en este argumento gramatical. ¡Es mucho peso para que lo soporten un verbo y su tiempo!
Los protestantes suelen examinar este argumento y discrepar de él con razón, pues señalan que los católicos están introduciendo a la fuerza la teología en la gramática. Sin embargo, los protestantes han hecho cosas parecidas.
Por ejemplo, quienes sostienen una postura calvinista apelan con frecuencia a los participios y a los tiempos verbales griegos para defender que la fe salvadora “genuina” o “verdadera” debe perdurar. Un ejemplo típico es Juan 3:16, donde aparece la expresión “el que cree” (ho pisteuōn). El argumento suele desarrollarse de la siguiente manera:
- El participio presente sugiere una acción continua;
- creer no es un acto puntual, sino una condición continua;
- si se deja de creer, eso demuestra que la fe salvadora nunca existió realmente.
Como ocurre con el argumento católico acerca de María, esta conclusión no se extrae del texto mismo, sino de una interpretación de la gramática. Las Escrituras nunca afirman que la vida eterna se reciba únicamente si se continúa creyendo sin interrupción durante el resto de la vida. Esa conclusión se infiere; no se afirma explícitamente. En realidad, el tiempo presente solo denota una condición continua cuando el contexto así lo exige.
Más importante aún, contradice la propia ilustración de Jesús en Juan 4, donde le dice a la mujer samaritana que beber una sola vez —no beber continuamente— basta para recibir la vida (Juan 4:10, 14). El sentido de toda su ilustración es que el agua que Él da, a diferencia del agua física, no exige beber continuamente. La vida eterna se recibe una sola vez, no repetidas veces, y tampoco se conserva mediante una fe continua.
Los argumentos gramaticales pueden resultar atractivos para algunas personas. Pueden ser útiles. Pero, si contradicen lo que enseña la Biblia y niegan la gracia de Dios, quien los emplea está haciendo recaer sobre la gramática más peso del que puede soportar.
Un experto o un libro escrito por un erudito de renombre puede transmitir un aire de autoridad y erudición. Esto puede llevar a algunos a abandonar el protestantismo y convertirse al catolicismo. Solo así podrán dar a María el reconocimiento que, según ellos, merece. También puede llevar a otros a adoptar una teología que niega la gracia de Dios y enseña que, para entrar en el reino de Dios, una persona debe seguir creyendo y haciendo buenas obras hasta que muera. Esta teología hace imposible tener la certeza de la salvación.
Ambos resultados son trágicos.
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Ken Yates (Maestría en Teología, Doctorado, Seminario Teológico de Dallas) es editor de Journal of the Grace Evangelical Society. Es orador internacional y de la costa este estadounidense de GES. Su libro más reciente es Hebrews: Partners With Christ [Hebreos: Copartícipes de Cristo].







