Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas… mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:5-6)
.…[Cristo] quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2:24).
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Colosenses 2:13-14).
En la parte 1 vimos que la Biblia muestra con claridad que nuestros pecados traen consigo penas que Dios impone sobre nuestras vidas. La muerte misma es una pena por el hecho de que somos pecadores. Vimos que Juan 1:29 no enseña que la sangre de Jesús quite la pena por nuestros pecados. Enseña que la sangre de Jesús quitó la barrera del pecado. su sangre hace posible nuestra salvación. Pero, para nacer de nuevo, debemos creer en Él para recibir el don de Dios: la vida eterna (Juan 3:16; Juan 4:10, 14; Juan 5:24).
En la parte 2 consideraremos otros tres textos que se citan con frecuencia con el fin de mostrar que Jesús ya pagó la pena por nuestros pecados.
Isaías 52:13–53:12 es el famoso pasaje del Siervo doliente. Habla de la muerte del Mesías por los pecados de Israel y de todo el mundo. En este pasaje no hay nada acerca de que el Mesías pague la pena por nuestros pecados. No da a entender que, porque Él murió por nosotros, podamos pecar sin consecuencias.
Pedro explica lo que significa “por su llaga fuimos nosotros curados” en Isaías 53:5. La sanidad de la que escribió Isaías no es sanidad física de una enfermedad, como algunos la interpretan erróneamente, sino más bien morir al pecado (ser liberados de la esclavitud del pecado) para que vivamos a la justicia. Eso se refiere a la santificación. La sangre derramada de Cristo hace posible que tengamos vida eterna al creer en Él para recibir esa vida. Los que tienen esa vida han muerto al pecado para que “ya no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6).
Raymer comenta: “Cristo sufrió para que fuera posible que los cristianos siguieran su ejemplo, tanto en el sufrimiento como en una vida justa” (“1 Peter” en The Bible Knowledge Commentary, p. 848).
Davids coincide y escribe: “La salvación en Cristo no es solo una libertad del juicio futuro o de la culpa, sino una libertad de la vida de pecado y una libertad para vivir como Dios quiere” (First Peter, p. 113)i.
Pablo también está hablando de creyentes, no de todas las personas, en Colosenses 2:13-14. Como en Efesios 2, habla de los lectores como de quienes antes estaban espiritualmente muertos; sin embargo, Dios les dio vida con Cristo. Cuando recibieron la vida eterna, Él perdonó todos sus pecados (cf. Hechos 10:43). Ese perdón explica por qué los creyentes acabados de nacer de nuevo no necesitan confesar todos los pecados que cometieron antes de nacer de nuevo. Comienzan la vida cristiana con una hoja en blanco, en comunión con Dios. Uno de los beneficios de la cruz y de la sangre de Cristo es que, cuando creemos en Cristo, recibimos el perdón de todos nuestros pecados.
El perdón, por supuesto, no es lo mismo que la ausencia de penas. David fue perdonado por Dios por sus pecados de adulterio y asesinato. Pero experimentó muchas consecuencias por causa de esos pecados.
La sangre de Jesús tiene beneficios distintos para creyentes e incrédulos. Él quitó la barrera del pecado para todos (Juan 1:29; 1 Juan 2:2). Pero uno debe ser creyente para haber muerto al pecado y poder vivir justamente en su experiencia. En Colosenses 2:13-14 y 1 Pedro 2:24, Pedro y Pablo están hablando específicamente de creyentes, no de todas las personas.
Véase mi artículo de 2009: “Benefits of Christ’s Blood: Restricted and Unrestricted” (“Beneficios de la sangre de Cristo: restringidos e irrestrictos”). Para más detalles sobre cómo la sangre de Cristo ofrece beneficios distintos para todas las personas, para todos los creyentes y, de manera específica, para los creyentes que andan en la luz de la Palabra de Dios, véase aquí
Revisé muchos artículos que afirman que Jesús pagó la pena por nuestros pecados. Uno de GotQuestions.org me llamó la atención. Aunque normalmente estoy de acuerdo con sus artículos y me gustan (salvo los que reflejan su teología de salvación por Señorío), encontré confuso el artículo titulado: “If Jesus paid the price for our sin, why do we still suffer the consequences of our sin?” (“Si Jesús pagó el precio por nuestro pecado, ¿por qué seguimos sufriendo las consecuencias de nuestro pecado?”). Compruébalo tú mismo aquí
Aunque los creyentes tienen muchos beneficios maravillosos por la sangre de Cristo, ninguno de esos beneficios incluye una licencia para pecar. No podemos pecar con impunidad. Cosechamos lo que sembramos. Hay penas que Dios aplica a causa de nuestros pecados.
Mantén la gracia en el centro para que vivas justamente y obtengas su aprobación en el Bema.
i Es posible que Davids sostenga la postura de que todos los creyentes viven justamente y tienen garantizada la perseverancia en una vida justa hasta la muerte. Sin embargo, aun si esa es su postura, él ve la sanidad de 1 Pedro 2:24 como ser liberados de la esclavitud del pecado para que vivamos justamente.
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Bob Wilkin es el Director Ejecutivo de Grace Evangelical Society (Sociedad Evangélica de la Gracia). Vive en Highland Village, TX, con su esposa de 43 años, Sharon. Sus libros más recientes son Faith Alone in One Hundred Verses [Sola Fe en Cien Versículos] y Turn and Live: The Power of Repentance [Tornar y Vivir: El Poder del Arrepentimiento]




