Salvos, pero no del infierno

Quienes estudian la Biblia con una actitud abierta hacia sus enseñanzas pronto descubren que, a menudo, la palabra salvos no significa ser salvos del lago de fuego. La mayoría de los lectores de este blog ya son conscientes de eso. Hace poco, un amigo me hizo notar otro versículo del Nuevo Testamento en el que la palabra salvos no se refiere a la salvación eterna. Yo siempre había dado por sentado que el versículo se refería a la salvación del lago de fuego.

El versículo en cuestión es Hechos 2:47. Lucas escribe: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia a los que iban siendo salvos” (RVR1977). Siempre me habían dicho, y yo lo había creído, que este versículo se refiere a los que habían creído en Jesús para vida eterna. Muchos judíos en Jerusalén oyeron la enseñanza de los apóstoles. Se convencieron de que Jesús era el Cristo y de que Él les daría vida eterna. Cuando creyeron eso, Dios los salvó del infierno y los añadió a la iglesia, el Cuerpo de Cristo. Todos los nuevos creyentes son añadidos a la iglesia. Eso es lo que yo pensaba que el versículo 47 estaba diciendo.

Debería haber prestado más atención a la palabra salvos en ese versículo. Como señaló mi amigo, la palabra ya había aparecido en el mensaje de Pedro. En Hechos 2:40, Pedro les dice a sus oyentes que necesitaban ser salvos de la perversa generación en la que vivían. Yo sabía que en Hechos 2:40 Pedro no les estaba diciendo que fueran salvos del infierno. Más bien, les estaba diciendo que el juicio vendría sobre la nación. Esto ocurriría en el año 70 d. C., cuando Roma destruyó Jerusalén.

Pedro estaba hablando a creyentes en Hechos 2:40. ¿Qué necesitaban hacer para evitar el juicio que vendría sobre Jerusalén? Ya habían creído (Hechos 2:37). Ahora necesitaban apartarse de sus pecados y ser bautizados. Solo entonces recibirían el Espíritu Santo (Hechos 2:38). Habían recibido vida eterna —salvación eterna— cuando creyeron. Si querían ser salvos del juicio de Dios que vendría en un futuro cercano, necesitaban confesar a Cristo y ser bautizados públicamente.

¿Qué hicieron estos nuevos creyentes? Los que obedecieron al llamado de Dios hicieron lo que Pedro dijo. Lucas escribe: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41).

¿Te fijaste en la palabra añadieron? Esto no puede significar que fueron añadidos a la lista de los que son salvos del infierno. Ya tenían vida eterna. Pero estos creyentes obedientes fueron bautizados en el nombre de Cristo y recibieron el Espíritu Santo. Pasaron a formar parte del grupo de creyentes que estaban siendo salvos del juicio que iba a caer sobre aquella generación perversa.

Ese es el sentido de Hechos 2:47. El Señor dio vida eterna a estos judíos cuando creyeron en Jesús para obtenerla. Después de creer y ser salvos del lago de fuego, fueron bautizados y recibieron el Espíritu Santo, y así fueron añadidos a la iglesia. Al identificarse públicamente con el Señor y con la enseñanza de los apóstoles (Hechos 2:42-46), estaban siendo salvos de la generación perversa en la que vivían.

Nosotros no formamos parte de aquella generación de judíos. Recibimos el Espíritu Santo cuando creímos. No tuvimos que ser bautizados antes de recibirlo. No tuvimos que ser bautizados ni unirnos públicamente a la iglesia para evitar un juicio que estaba por venir sobre nuestra nación. Aquellos judíos necesitaban ser salvos de una manera única porque vivían en una época excepcional.

Pero hay una aplicación para nosotros. Como creyentes, el pecado tiene consecuencias mortales para nosotros, tanto en esta vida como ante el Tribunal de Cristo. Nosotros, como creyentes, podemos ser salvos de esas consecuencias si andamos por el Espíritu en obediencia a Cristo.

En Hechos 2:47 se hace una afirmación similar. Allí, siendo salvos no se refiere a ser salvos del lago de fuego. Mi amigo tenía razón. Estoy agradecido de que me lo señalara.

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Ken Yates (Maestría en Teología, Doctorado, Seminario Teológico de Dallas) es editor de Journal of the Grace Evangelical Society. Es orador internacional y de la costa este estadounidense de GES. Su libro más reciente es Hebrews: Partners With Christ [Hebreos: Copartícipes de Cristo].

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