Hace poco vi un reportaje sobre Bryan Johnson, un multimillonario tecnológico. Él afirmaba que podemos vivir para siempre. No sé si él cree literalmente que una persona puede vivir eternamente, pero ciertamente piensa que podemos extender mucho nuestra vida física. Supongo que cree que los avances futuros en la ciencia permitirán a una persona alcanzar la inmortalidad física. Quizás piensa que la Inteligencia Artificial será la clave para lograr ese objetivo.
Johnson es un devoto seguidor de lo que predica. Gasta millones de dólares en seguir una dieta muy estricta, eliminando la carne, los carbohidratos y el pan. Toda su comida es orgánica. Con la ayuda de científicos en nutrición, ha diseñado gran parte de su alimentación, incluidos suplementos líquidos. Ha hecho construir gimnasios en sus diferentes hogares para ejercitar cada parte de su cuerpo y sigue una rutina diaria intensa de ejercicios. También ha desarrollado un horario específico de sueño y ha rechazado lo que él llama “creencias religiosas legalistas”, lo que le ayuda a evitar el estrés. Se realiza constantemente exámenes médicos para medir su progreso. Afirma ser el hombre más probado y más saludable del mundo. Para demostrar el éxito de su estilo de vida, muestra fotos de sí mismo de hace ocho años y de la actualidad. Parece estar rejuveneciendo con el paso del tiempo. A sus casi cincuenta años, afirma que los exámenes médicos indican que sus órganos están en condiciones similares a los de un hombre de veinte.
No dudo que muchos se sentirán motivados a seguir el ejemplo de Johnson. Pero muy pocas personas tendrán el dinero y el tiempo para hacer lo que él hace. La gran mayoría de las personas no son multimillonarias. Tienen trabajos que atender y familias que cuidar. No pueden construir gimnasios, dedicar diez horas al día al ejercicio, realizarse exámenes médicos constantes o conseguir la comida especial necesaria para revertir el proceso de envejecimiento.
En cierto sentido, podríamos concluir que Johnson está haciendo algo bueno. La mayoría de los estadounidenses no gozan de buena salud. A muchos de nosotros nos vendría bien cuidarnos mejor. Pero la vida de Johnson es una empresa inútil. El ser humano nunca podrá vivir para siempre en estos cuerpos. Tal vez alguien como Johnson logre una longevidad superior a la media. Quizás llegue a los 130 años. Sin embargo, si presenta alguna de las cientos, o incluso miles, de mutaciones genéticas perjudiciales para los humanos, su esperanza de vida podría ser menor de lo normal. Lo mismo ocurriría si sufriera un accidente o fuera víctima de una guerra o enfermedad.
Si el Señor no regresa antes, Johnson morirá. Todos moriremos (1 Cor 15:22). La arrogancia que lleva a alguien a pensar lo contrario es extrema. Me recuerda al deseo necio de Adán y Eva de ser como Dios (Gén 3:5).
La verdad es que nuestros cuerpos físicos actuales no perdurarán. Ninguna dieta, suplemento, rutina de sueño, IA o ejercicio cambiará esa realidad. Es un hecho innegable, y solo alguien cegado por el orgullo podría pensar lo contrario. Si el Señor demora Su venida y Johnson llega a la vejez, se dará cuenta de ello. Tristemente, Johnson no entiende que todos viviremos para siempre, pero no de la manera que él imagina. No sé cómo será, pero el incrédulo tendrá un cuerpo de muerte y vivirá en el lago de fuego para siempre. El creyente tiene el don de la vida eterna de Cristo y vivirá en Su reino con un cuerpo glorificado para siempre.
La mayoría de nosotros nos beneficiaríamos de comer y dormir mejor. La mayoría de nosotros nos beneficiaríamos de ser más activos. Pero mantengamos los pies firmemente anclados en la realidad. Nuestra esperanza segura de la eternidad está en Aquel que conquistó la muerte por nosotros y que nos ha prometido Su vida si hemos creído en Él. Esa es la realidad, y ciertamente es mejor que la alternativa necia de gastar millones de dólares en un intento de evitar lo inevitable.
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Ken Yates (Maestría en Teología, Doctorado, Seminario Teológico de Dallas) es editor de Journal of the Grace Evangelical Society. Es orador internacional y de la costa este estadounidense de GES. Su libro más reciente es Hebrews: Partners With Christ [Hebreos: Copartícipes de Cristo].