Pide, busca, llama (Lucas 11:9)

El Señor les dijo a sus discípulos que pidieran, buscaran y llamaran. El que lo hace recibirá, hallará y se le abrirá la puerta (Lucas 11:9-10). Estos versículos se citan con frecuencia. Sin embargo, normalmente se pasa por alto el contexto más amplio, por lo que las palabras del Señor a menudo se interpretan en un sentido muy general. Pero una consideración cuidadosa del contexto sugiere que Él tiene en mente algo más específico.

Estos versículos forman parte de una parábola en la que un hombre va a casa de un amigo para pedirle pan (Lucas 11:5-13). El hombre busca el pan, llama a la puerta y pide el pan. Inmediatamente antes de la parábola, el Señor les ha dado a sus discípulos una oración modelo, a menudo conocida como la oración del Señor (11:2-4).

La parábola está conectada con la oración. Aparece inmediatamente después de la oración y se presenta al mismo público: los discípulos. Tanto en la parábola como en la oración, se hace referencia a Dios como el Padre celestial de los discípulos (vv. 2, 13).

El hombre de la parábola está pidiendo algo. En la oración modelo, el Señor les dice a los discípulos que pidan cosas a su Padre celestial. La palabra pan aparece tanto en la parábola como en la oración (vv. 3, 5, 11). El hombre de la parábola pide pan, y el Señor les dice a sus discípulos que pidan pan a su Padre celestial. La parábola les enseña a los discípulos a pedir, buscar y llamar. Deben hacerlo con audacia (v. 8; la palabra griega traducida como persistence en la NKJV se traduciría mejor como “con audacia” o “sin vergüenza”). Su Padre celestial les dará las cosas buenas que buscan y piden.

El punto principal es que los discípulos deben buscar y pedir con audacia las cosas de las que Jesús acaba de hablar en la oración del Señor.

Pero ¿cuáles son esas cosas? Jesús no está hablando en términos generales. En la oración del Señor, indicó cosas específicas que debían pedir.

El Señor enseñó a menudo acerca del reino venidero. En la oración del Señor, les dijo a sus discípulos que pidieran que viniera el reino. Debían desear vivir una vida que glorificara a su Padre que está en los cielos. Debían procurar depender de Él para lo que necesitaban, ser misericordiosos con los demás, pedir perdón cuando pecaran y evitar el pecado.

Una vida así mira hacia el reino venidero. Esta es la clase de vida que será recompensada en el reino.

Estas son las cosas que los discípulos deben buscar. Estas son las cosas que deben pedir. Deben acudir al Señor y “llamar”.

El hombre de la parábola acude a la puerta de su vecino y llama. Busca lo que necesita y pide. Al principio, el vecino dice: “No”, pero finalmente le da al hombre lo que busca y pide.

El Señor no es como el vecino. Él desea dar lo bueno a sus discípulos. Jesús resume lo que da a quienes acuden a Él. Les da el Espíritu (v. 13). Es el Espíritu quien capacitará al discípulo para hacer las cosas que el Señor describe en la oración del Señor. Es el Espíritu quien le da al discípulo la capacidad de vivir una vida que será recompensada cuando el Señor regrese para reinar.

El discípulo que busca el reino y procura ser grande en él hallará lo que busca (Mateo 6:33). Si le pide al Señor que le dé lo necesario para alcanzar esa meta, recibirá lo que necesita. Debe acudir con audacia al Señor y “llamar” al trono de la gracia (Hebreos 4:16). A diferencia del vecino de la parábola, que no quería levantarse de la cama, el Señor abrirá la puerta con gusto para dar lo que su discípulo busca.

___

Ken Yates (Maestría en Teología, Doctorado, Seminario Teológico de Dallas) es editor de Journal of the Grace Evangelical Society. Es orador internacional y de la costa este estadounidense de GES. Su libro más reciente es Hebrews: Partners With Christ [Hebreos: Copartícipes de Cristo].

Get Grace in Focus in your inbox

Share
Post
Email