Pasé muchos años en el ejército. Conocí a muchos soldados. Si les preguntaras por qué se alistaron para servir, obtendrías muchas respuestas diferentes. Algunos lo hicieron por amor a su país. Otros, por un sueldo estable. Algunos ansiaban el desafío, la camaradería o la oportunidad de viajar. Muchos lo vieron como una forma de escapar de un hogar problemático. Algunos tenían pocas oportunidades de empleo, y el Ejército era la mejor opción que tenían. Conocí a muchos que se unieron por los beneficios educativos. Los reclutadores atraen a los posibles reclutas con diversos incentivos.
Aunque los soldados tuvieran motivos diferentes, todos vestían el mismo uniforme. Todos eran soldados.
En muchos sentidos, esto también es cierto en la vida cristiana. El Señor llama a todos los creyentes a seguirle y ser Sus discípulos. Eso implica obediencia y sacrificio. Pero ¿cuál es el motivo para hacerlo? El creyente ya tiene vida eterna, que no se puede perder. ¿Por qué habría de “alistarse” algún creyente para sufrir con Cristo?
A menudo, los cristianos piensan que solo hay un motivo puro. Hemos de servir al Señor porque lo amamos. Otros motivos se consideran inferiores.
Pero la Escritura nos dice que hay muchos motivos para seguir al Señor. Todos ellos son piadosos. Ninguno debe ser menospreciado.
Los creyentes pueden servir al Señor porque le temen (Proverbios 1:7; 2 Corintios 5:11). También pueden hacerlo por gratitud (Salmos 116:12; Colosenses 3:17). Una motivación santa para obedecer al Señor es el deseo de recibir recompensas, tanto en esta vida como en la venidera (Hebreos 11:6; 1 Corintios 3:14; Mateo 6:3–6; Salmos 1:1–3; Deuteronomio 28:1–2; Gálatas 6:7–9). Relacionado con esta motivación está el deseo de oír Su alabanza en el Tribunal de Cristo y rendirle honra en el proceso (Mateo 25:21). Tanto el Señor como Pedro dijeron que los creyentes deben estar motivados a servirle porque una vida así puede beneficiar a otros (Mateo 5:16; 1 Pedro 3:1–2). Si somos padres, una vida piadosa puede proporcionar un excelente ejemplo para nuestros hijos.
Un creyente puede querer obedecer al Señor porque desea madurar en su fe. Quiere ser más como Cristo (Hebreos 5:14; 2 Corintios 3:18). ¡Esa es una motivación bastante buena!
Por supuesto, una motivación adecuada para seguir a Cristo es nuestro amor por Él. El Nuevo Testamento la menciona como motivación (Juan 14:15; 1 Juan 4:19). El problema es que a menudo se nos dice que esta es la única motivación “verdadera”. Otras motivaciones incluso podrían ser pecaminosas. Buscar recompensas se considera egoísta. Solo un creyente inmaduro serviría al Señor por temor. Si eres un creyente maduro, todo fluirá de tu amor por Él. Deberías pedir al Señor que quite esas otras motivaciones.
Disparate.
Esa postura no solo rechaza motivaciones bíblicas para una vida piadosa, sino que también conduce al orgullo. Podemos oír a un cristiano decir: “No necesito que se me recompense por lo que hago para el Señor. Ni siquiera querría una recompensa de Él. Lo hago todo por amor”.
Vamos…
Podríamos oír a un calvinista decir: “Si eres de los escogidos y de verdad eres salvo, el Espíritu Santo producirá en ti el deseo de obedecerle únicamente por amor”.
A otro con ese cuento.
Así como conocí a muchos soldados que sirvieron fielmente en el ejército por una variedad de razones, un cristiano puede agradar al Señor por diversas motivaciones. No son pecaminosas. En ciertas circunstancias, obedecerá por un motivo concreto. Cuando educa a sus hijos, quiere dejarles un buen ejemplo. Si está sufriendo, persevera por la recompensa que el Señor le ha prometido por hacerlo. Puede evitar las insinuaciones sexuales de una mujer porque teme la disciplina del Señor. A veces, obedece porque ama al Señor. Un creyente que se ve motivado por cualquiera de estas cosas está siendo fiel al Señor.
Muchos soldados fieles de los Estados Unidos han muerto en los campos de batalla. Estaban motivados para ir al combate por una variedad de razones. El sacrificio de un hombre no fue menos patriótico porque sirviera por una razón, mientras que otro caído tuviera un motivo aparentemente más noble.
La Biblia dice que debemos servir al Señor por diversas razones. El Espíritu Santo puede producir en nosotros todas estas motivaciones piadosas. Todas son válidas y agradan al Rey.
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Ken Yates (Maestría en Teología, Doctorado, Seminario Teológico de Dallas) es editor de Journal of the Grace Evangelical Society. Es orador internacional y de la costa este estadounidense de GES. Su libro más reciente es Hebrews: Partners With Christ [Hebreos: Copartícipes de Cristo].


