A los que enseñamos que los creyentes serán recompensados por sus buenas obras en el reino, a menudo se nos ataca. Se nos dice que vivir con la mirada puesta en las recompensas es egoísta. A veces se nos dice que tales deseos revelan un estado de inmadurez espiritual. Deberíamos hacer buenas obras porque amamos a Dios. El calvinista diría que las buenas obras surgen automáticamente en la vida del creyente. ¿Por qué recompensaría Dios lo que todos los creyentes hacen? Todos los creyentes serán recompensados por igual.
La mayoría de los maestros de la Biblia enseñan que deberíamos rechazar la idea de las recompensas. Lleva a la competencia y al orgullo. A medida que crecemos en santificación, llegaremos a darnos cuenta de que la doctrina de las recompensas es psicológicamente poco saludable.
Recientemente leí un artículoi de Ellie Stevens-Strathman, psiquiatra certificada. Está previsto que el artículo aparezca en la próxima edición del Journal of the Grace Evangelical Society. Yo no soy psiquiatra, y estoy seguro de que otros podrían explicar mejor que yo lo que Ellie dice. Pero me gustaría resumir un par de puntos importantes del artículo.
Ellie señala que vivir por recompensas es psicológicamente saludable. Nuestro cerebro funciona así. Cuando una persona busca gratificación instantánea, está operando dentro de lo que Ellie y otros psiquiatras llaman el “modo caliente”. Buscar la gratificación diferida sitúa a la persona en un “modo frío”. Esto favorece un “funcionamiento cerebral óptimo y la autorregulación”.
Vivir para las recompensas eternas en el reino venidero de Cristo sin duda es un caso de gratificación diferida. Un creyente que vive de esa manera está dispuesto a posponer la satisfacción inmediata por algo mejor más adelante. El que no vive por recompensas se deja llevar por el deseo emocional de experimentar placer en el momento.
Ellie da un ejemplo moderno de lo que es ser impulsado por la emoción dentro del “modo caliente”. Lo vemos cuando una persona está ansiosa por la cantidad de “me gusta” que recibe en su página de Instagram. Siente una especie de euforia cuando ese número sube. ¡Incluso un creyente que no cree en recompensas puede ver que las personas que se preocupan por la cantidad de esos “me gusta” no reflejan una buena salud mental!
Por supuesto, lo más importante no es lo que diga la ciencia médica acerca de los beneficios psicológicos de vivir para las recompensas eternas. Lo más importante es lo que dice la Biblia. La Biblia sí enseña la doctrina de las recompensas. Hay muchos pasajes bíblicos que enseñan sobre este tema. En Mateo 6:2, el Señor señala la necedad de quienes viven para la gratificación inmediata y operan dentro del “modo caliente”. Él anima a sus discípulos a vivir para la gratificación diferida que viene de atesorar recompensas en el reino venidero. Les dice que pongan allí su corazón (y yo diría, también, su mente) (Mateo 6:19-21).
Las palabras del Señor deberían bastar para motivarnos a vivir para las recompensas eternas. El hecho de que además esto favorezca un “funcionamiento cerebral óptimo” y sea psicológicamente saludable es un beneficio adicional. Os animo a todos a leer el artículo de Ellie cuando salga el próximo número de la revista.
i También dio una charla sobre este tema en la Conferencia Nacional de 2025: https://youtube.com/live/VMbKgRNGCLk?feature=share





